Me están chantajeando por internet: qué hacer en las primeras horas

Manos con un teléfono: qué hacer ante un chantaje por internet
Imagen ilustrativa

Me están extorsionando por WhatsApp o Instagram: qué hacer en las primeras horas

Te escriben, dicen que tienen algo tuyo y te ponen un plazo para pagar. Lo que hagas en las primeras horas pesa más que todo lo que venga después.

El mensaje llega un martes a la noche, de un número que no tenés agendado. Dice que tiene fotos tuyas, o una conversación, o un video, y que si no transferís antes de la medianoche se lo manda a todos tus contactos. Abajo copia los nombres de tu familia, sacados de Instagram. El corazón se te va a la garganta y lo primero que pensás es en pagar para que se termine.

Es justo lo que busca quien escribe. El chantaje digital funciona con apuro: cuanto menos pensás, más rinde. Por eso el primer paso es frenar diez minutos y ordenar lo que tenés en la mano antes de contestar o de transferir.

Primero, reconocé qué te está pasando

No todos los chantajes son iguales, y saber cuál te tocó cambia cuánto riesgo real hay.

El más común empieza con un perfil atractivo que te agrega, lleva la charla a una videollamada o a un intercambio de fotos y, minutos después, te muestra la grabación y la lista de tus contactos. Ahí el material existe.

Otro llega por mail: dice que te hackearon la cámara y te grabaron, y a veces incluye una contraseña vieja tuya para parecer creíble. Casi siempre es un envío masivo armado con datos de filtraciones antiguas. No tienen nada. Cambiá esa clave donde todavía la uses y no contestes.

El tercero suma un personaje. Después de chatear con alguien, te llama un supuesto padre, un abogado o un comisario: dice que la otra persona era menor de edad y que podés "arreglarlo" pagando. Ninguna autoridad cobra por teléfono para no iniciar una causa. Es una extorsión, y fingir ser autoridad pública está previsto expresamente en el artículo 168 del Código Penal.

También puede ser alguien que conocés, como una ex pareja. En ese caso el camino legal es el mismo, y además hay medidas de protección específicas que vemos más abajo.

Pagar no lo termina

No hay ninguna garantía de que el pago corte el problema. Lo habitual es lo contrario: quien cobró una vez vuelve a pedir, porque ya sabe que del otro lado hay alguien dispuesto a pagar. Tampoco sirve negociar, pedir tiempo con excusas o insultar. Cada respuesta le confirma que el número está activo y que el miedo funciona.

Muchos de estos grupos escriben a decenas de personas a la vez y, cuando alguien deja de contestar, pasan al siguiente. Nadie puede asegurarte que no van a publicar, pero pagar tampoco lo asegura.

Si ya transferiste, no te castigues. Guardá el comprobante con el CBU, el CVU o el alias de destino y avisale enseguida a tu banco o a tu billetera virtual por los canales oficiales. Pedí el número de reclamo. Esa cuenta es una de las mejores pistas que va a tener la investigación, y en la nota sobre cómo recuperar el dinero después de una estafa contamos por qué las primeras horas pesan tanto.

Guardá todo antes de bloquear

El impulso de borrar el chat y bloquear se entiende, pero primero hay que guardar.

  • Capturas completas. Sacalas de toda la conversación, no solo de la frase más fuerte, y fijate que se vean el número o el usuario, la fecha y la hora.
  • Exportación del chat. Si la aplicación lo permite, exportalo. Guarda más información que una captura.
  • Datos del perfil. Anotá el enlace, el nombre de usuario exacto, el correo y cualquier cuenta bancaria o billetera que te haya pasado.
  • El teléfono, intacto. No lo formatees ni lo cambies. El aparato original es la prueba más sólida que tenés.

Las plataformas y las empresas de telefonía conservan sus registros por tiempo limitado. Cuanto antes denuncies, antes puede la fiscalía pedirles que los preserven.

Después sí, cortá el contacto

Denunciá el perfil dentro de la plataforma, bloquealo, poné tus redes en privado y ocultá tu lista de amigos y seguidores. Si creés que te entraron a una cuenta, cambiá las claves desde otro dispositivo y activá la verificación en dos pasos.

Lo que no conviene es reenviar el material a tus amigos para pedir consejo, porque cada copia que circula es un riesgo más. Sí ayuda contárselo a una persona de confianza: el chantaje se sostiene en la vergüenza y en que lo enfrentes solo.

Existen además herramientas gratuitas para frenar la circulación de imágenes íntimas. StopNCII.org, para mayores de 18, y Take It Down, para menores, generan una huella digital de la foto o el video sin que tengas que subirlo, y las plataformas adheridas la usan para detectar y bloquear copias.

Qué delito es

El Código Penal castiga con prisión de cinco a diez años a quien, con intimidación o simulando autoridad pública, obliga a otra persona a entregar dinero (artículo 168). Cuando la amenaza consiste en revelar un secreto o en hacer imputaciones contra el honor, se aplica el artículo 169, que prevé de tres a ocho años. Y aunque no hayas pagado un peso, el intento también se castiga como tentativa (artículo 42).

Si en vez de plata te exigen otra cosa, como más fotos, un encuentro o que hagas o dejes de hacer algo, el hecho encuadra en las coacciones del artículo 149 bis, con pena de dos a cuatro años. Y si para conseguir el material entraron a tu cuenta o a tu teléfono, se suma el acceso ilegítimo a un sistema informático (artículo 153 bis).

Que te hayan escrito por WhatsApp, por Instagram o por mail no cambia nada. El medio digital no vuelve el hecho menos grave ni más difícil de denunciar.

Si la víctima es menor de edad

El caso es más grave y hay que actuar más rápido. Contactar a un menor por medios electrónicos con fines sexuales es delito (artículo 131), y producir, tener para distribuir o difundir imágenes sexuales de menores también (artículo 128).

Si sos chico o adolescente, contáselo ya a un adulto de confianza. No hiciste nada por lo que debas pagar, y el que cometió un delito es el otro. Si sos madre o padre, no retes ni saques el teléfono como castigo: guardá la prueba y denunciá.

Si lo publican

Si pasa, hay cosas concretas para hacer. Documentá dónde apareció, con enlace y captura, y pedí la baja a la plataforma por su canal de denuncia de contenido íntimo no consentido, que suele ser el más rápido.

La Ley 27.736, conocida como Ley Olimpia, incorporó la violencia digital a la ley de protección integral de las mujeres. Permite pedirle al juez medidas urgentes, entre ellas que ordene a las plataformas retirar el contenido. En la Ciudad de Buenos Aires, difundir imágenes íntimas sin autorización es además una contravención.

Por la vía civil se puede reclamar el cese de la difusión y la reparación del daño. El Código Civil y Comercial protege la imagen y la intimidad en sus artículos 52, 53 y 1770.

Dónde denunciar

Podés ir a la comisaría o a la fiscalía que te corresponda, y también existe un canal oficial para denunciar un delito informático. A nivel nacional funciona la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia, y el Ministerio Público Fiscal de la Ciudad recibe denuncias en línea las 24 horas.

Llevá el teléfono, las capturas y, si pagaste, los comprobantes. Contá los hechos en orden: cuándo empezó, qué te pidieron, qué contestaste. No hace falta saber quién es para denunciar. Averiguarlo es trabajo de la fiscalía.

Después de denunciar no quedás afuera. Como víctima tenés derecho a que te informen cómo avanza la causa, y podés presentarte como querellante con un abogado para proponer medidas e impulsar la investigación.

Lo que no hay que hacer

  • Pagar, o pagar "una parte" para ganar tiempo.
  • Seguir contestando, negociar o amenazar.
  • Borrar el chat o formatear el teléfono antes de guardar la prueba.
  • Reenviar el material.
  • Contratar a quien promete borrar todo o rastrear al autor.

Sobre esto último: después de un chantaje suelen aparecer supuestos expertos que prometen eliminar el material o encontrar al responsable a cambio de un pago adelantado, y casi siempre se trata de una segunda estafa.

Si querés que un abogado mire tu caso antes de dar el próximo paso, podés pedir una consulta profesional.


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