viernes, 14 de febrero de 2020

PARA PREVER SU FUTURO

ESTEBAN RIGHI *

1. La experiencia indica que las circunstancias de la vida inciden en la valoración de los seres humanos. Cuando el éxito nos acompaña, veremos indefectiblemente incrementada la cantidad de personas que nos descubren virtudes y ponderan nuestros comportamientos. A la inversa, en épocas de adversidad ese número se reduce sensiblemente, al tiempo que aumentan quienes se apresuran a cruzar de vereda, para evitarse la incomodidad de saludarnos.

He reconocido en una publicación reciente que las consecuencias pudieron ser más graves. De todos modos, la época de mi vida de mayor adversidad fue cuando en 1974 no tuve más remedio que admitir que debía refugiarme en México, pensando que regresaría en unos meses, seguramente influido por mi recurrente capacidad de negación.

Esos pocos meses en realidad fueron diez años. El país que me refugió se convirtió en mi segunda patria y sus universidades, el ámbito donde pude satisfacer mis preocupaciones vinculadas con el Derecho Penal y la política criminal. Fue precisamente esa la etapa de mi vida en que más traté a Raúl Zaffaroni, quien lejos de cruzar de vereda, en sus frecuentes visitas estimuló un intercambio de ideas y experiencias que francamente yo necesitaba.

2. Esta oportunidad me parece adecuada para reconocer que, ante esa actitud de Raúl, que pone de manifiesto su calidad como ser humano, respondí haciendo un aprovechamiento inmisericorde de su versación jurídica. Una evidencia empírica de lo que estoy confesando tuvo lugar en una ocasión en que desde una universidad mexicana organizamos un congreso destinado a considerar la legitimidad de las normas penales.

Uno de mis objetivos en ese encuentro era esclarecer el motivo por el cual, a diferencia del resto de América latina, México era uno de los dos países (Cuba era el otro) influenciados por una orientación preventiva especial acentuada, en la que se advertía la incidencia del positivismo criminológico, especialmente en su versión italiana.

Con la arbitrariedad que me caracteriza, sugerí que el tema relativo a “la ideología de la legislación penal mexicana” le fuera encargado a Raúl. Los motivos que permiten entender que mis colegas mexicanos aceptaran que un extranjero fuera quien se ocupara del asunto se vinculan con la generosidad que los caracteriza, pero también con el afecto que sentían por el jurista propuesto.

3. Como era de esperar el resultado fue inmejorable. Si bien no puedo desarrollar aquí los resultados del ensayo, las conclusiones de Raúl merecen ser recordadas, entre otras razones, porque explicó que contrariamente a lo que entonces sucedía, el origen ideológico había sido otro. Así, desarrolló una evolución que comenzó con el código veracruzano de 1835, que representó la importación de una ideología que venía señalada como liberal.

Se ocupó en detalle de la respuesta conservadora del proyecto Tornel para Veracruz, y del código Corona para el mismo estado, posterior a la Constitución de 1857, implantación vernácula de la ideología liberal, aunque carecía de algunas características de la teoría de la retribución. Se ocupó del código Martínez de Castro de 1871 y sus ecos correccionalistas y de cómo el porfirismo lo pudo manejar en virtud de un sistema penal paralelo, puntal de la concentración de la tierra que provocó.

Explicó Zaffaroni que la Revolución proyectó su reforma penal de 1929 en el peor momento de la crisis económica. También que era francamente positivista, aunque en cierta medida trató de disimularlo en su versión de 1931, porque era incompatible con la antropología constitucional y la filosofía mexicana de la época.

En su ensayo reconoció que esa tendencia penal había perdurado, pero aclaró que no había sido consecuencia de una frustración del perfil constitucional de 1917, sino de una sucesión de circunstancias negativas que no habían favorecido su desplazamiento, como las crisis económicas, la concentración urbana y el aumento de la marginalidad.

4. Ahora que Zaffaroni renuncia a la Corte Suprema, he querido recordar ese episodio. Desde mi perspectiva, más importante que evaluar el contenido de sus votos en el Tribunal, es preguntarnos por su futuro. Si vuelvo a ese ensayo que hizo en México, es porque allí se planteaba por la perspectiva futura, y respondía que dependería de la capacidad de integración solidarista de la sociedad, para superar el condicionamiento económico negativo a nivel continental.

Como he escuchado en estos tiempos muchos interrogantes sobre lo que hará Raúl, quiero pronosticar a qué se dedicará, reproduciendo el final del ensayo que hoy me he permitido evocar, pues allí decía: “El mejor aporte del penalista a esta integración es la insobornable crítica ideológica y el apoyo a las luchas de los marginados”.

* Ex procurador general de la Nación. Abogado.

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